Ganancias: El ajuste que pide el FMI y nadie quiere pagar

Desde Focus Market elaboramos el siguiente Informe donde mostramos que Argentina recauda apenas el 1,8% del PBI por el impuesto a los ingresos personales, muy por debajo del promedio regional. El Gobierno tiene hasta fines de 2026 para presentar una reforma que choca de lleno contra el calendario electoral.

“La recomendación del FMI de que más argentinos paguen Ganancias puede mejorar la recaudación, pero genera dudas sobre la equidad del sistema. Con umbrales bajos y deducciones que han perdido valor real frente a la inflación, existe el riesgo de que más trabajadores queden alcanzados por el impuesto sin haber mejorado realmente su poder adquisitivo” expresó Damián Di Pace Director de la Consultora Focus Market 

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EL DIAGNÓSTICO: POR QUÉ EL FMI MIRA GANANCIAS
El sistema tributario argentino acumula décadas de parches. El FMI lo señala en el Staff Report correspondiente a la Segunda Revisión del acuerdo de Facilidades Extendidas (EFF), publicado en mayo de 2026: el sistema tributario argentino es “complejo, altamente distorsivo e inestable”. Argentina tiene más de 155 tributos vigentes, pero unos pocos concentran el 80% de la recaudación. El resto no aporta ingresos significativos al fisco.

Frente a ese diagnóstico, la reforma tributaria forma parte de los compromisos formales del acuerdo. El gobierno se obligó a desarrollar y presentar una propuesta antes de fines de diciembre de 2026 —un structural benchmark en los términos del organismo. El objetivo es racionalizar el sistema y generar espacio fiscal para reducir los impuestos que más frenan la actividad: retenciones a las exportaciones e impuesto a las transacciones financieras, entre otros.

Hay un número que explica por qué el FMI apunta específicamente al impuesto a las ganancias de personas físicas: Argentina recauda por ese concepto apenas el 1,8% del PBI. Es menos de la mitad que el promedio de América Latina —en torno al 2,2%— y menos de un quinto que el promedio de la OCDE, cercano al 8,3%. En el ranking regional, Argentina se ubica entre los niveles más bajos, junto con Paraguay y Bolivia.

El problema es también estructural: la mayor parte de lo que el Estado recauda llega vía impuestos indirectos — principalmente IVA— que son más distorsivos para la actividad económica y más regresivos en términos distributivos, porque afectan proporcionalmente más a quienes menos ganan. El siguiente gráfico, elaborado por el FMI con datos de OCDE y MECON, ilustra esa composición en comparación con otros países de la región y el promedio de la OCDE.

LA HISTORIA: CÓMO ARGENTINA LLEGÓ A ESTE PUNTO 

El impuesto a las ganancias de cuarta categoría no siempre fue una rareza. En diciembre de 2020 alcanzó su máximo histórico: 2.425.880 trabajadores en relación de dependencia tributaban el impuesto. Hacia principios de 2023, el número había caído a algo más de un millón, pero el impuesto seguía siendo un componente relevante del sistema.

Lo que vino después cambió eso de forma abrupta. En agosto de 2023, en plena campaña electoral, el entonces ministro de Economía Sergio Massa impulsó una reforma que elevó el mínimo no imponible de forma drástica. El efecto fue inmediato: de 715.000 contribuyentes en agosto, el padrón se desplomó a entre 123.000 y 129.000 personas hacia noviembre y diciembre de ese año. El impuesto había quedado reducido a menos del 1% de los trabajadores formales.

La gestión Milei revirtió parcialmente la medida. Desde enero de 2024 el número de contribuyentes comenzó a recuperarse: 187.054 en enero, 737.584 en octubre. A marzo de 2026 el padrón llegó a 1.055.431 trabajadores, el 8,2% del total de asalariados privados registrados.

Sin embargo, ese nivel está lejos de los estándares históricos y más lejos aún de lo que el FMI considera adecuado. El piso salarial de ingreso al impuesto se ubica hoy en torno a los $3.000.000 brutos mensuales para un trabajador soltero —equivalente a aproximadamente 1,7 veces el RIPTE de febrero de 2026 y a unas 8,5 veces el salario mínimo vigente. Para una familia tipo con cónyuge y dos hijos, ese umbral sube a $4.000.000 brutos. Son valores que quedan por encima del salario de la mayoría de los trabajadores formales, lo que explica que la base siga siendo estrecha.

LA PROPUESTA DEL FMI: QUIÉNES VOLVERÍAN A PAGAR

La recomendación del FMI es concreta: el impuesto debe alcanzar al menos al 20% de los trabajadores formales. Hoy tributa el 8,2%. Cerrar esa brecha implica incorporar al padrón a aproximadamente 1.515.000 trabajadores adicionales, llevando el total de contribuyentes de los actuales 1.055.431 a unos 2.570.000.

El impacto fiscal proyectado es de 0,4% del PBI —equivalente a unos USD 2.672 millones a valores de 2026.

Para que el 20% de los trabajadores formales vuelva a tributar el impuesto, el umbral de ingreso debería reducirse de manera significativa. A partir de la distribución salarial observada en el empleo privado registrado, el mínimo no imponible para un trabajador soltero sin deducciones adicionales debería ubicarse en torno a los $2,2 millones brutos mensuales, frente a los aproximadamente $3 millones que rigen actualmente. La reducción, cercana al 25%, ampliaría sustancialmente la base de contribuyentes: dejarían de estar alcanzados únicamente los salarios más altos y comenzarían a incorporarse trabajadores ubicados en la franja superior de la distribución salarial.

La distribución de salarios del sector privado registrado ilustra por qué la base actual es tan estrecha. La remuneración mediana en febrero de 2026 fue de $1.514.460 brutos mensuales —la mitad de los trabajadores gana menos que eso. El promedio fue de $2.110.047. El piso de ingreso al impuesto para un soltero, fijado hoy en $3.000.000, queda por encima del 80% de los trabajadores formales. Dicho de otro modo: hoy solo tributa quien está en el decil más alto de la distribución salarial.

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CUÁNTO PAGARÍAN: SIMULACIÓN POR SALARIO

El impuesto a las ganancias tiene una característica que lo distingue de otros tributos: su impacto varía enormemente según el salario y la situación familiar. Para entender qué implicaría una reducción del mínimo no imponible destinada a llevar al 20% la proporción de trabajadores formales alcanzados por el tributo, conviene observar tres perfiles concretos construidos a partir de los datos del mercado laboral registrado.

El primero es el trabajador que percibe el RIPTE promedio del sector privado registrado, que en febrero de 2026 ascendió a $1.734.357 brutos mensuales. Ese trabajador seguiría fuera del impuesto incluso bajo un escenario de ampliación de la base imponible. Su remuneración permanece por debajo del umbral estimado de ingreso al tributo para un trabajador soltero sin deducciones.

El segundo perfil es quien percibe una vez y media el RIPTE, equivalente a $2.601.536 brutos mensuales. En este caso aparece una diferencia importante según la situación familiar. Si es soltero, comenzaría a tributar, aunque con una carga muy reducida: el impuesto anual rondaría entre $70.000 y $150.000, una incidencia prácticamente marginal sobre su ingreso. Si tiene cónyuge y dos hijos a cargo, las deducciones personales lo mantienen fuera del impuesto. Es el caso que mejor muestra cómo las cargas de familia continúan funcionando como un mecanismo de protección frente al tributo.

El tercer perfil corresponde a un trabajador que percibe dos veces el RIPTE, unos $3.468.714 brutos mensuales. Allí el impuesto empieza a adquirir relevancia para quienes no tienen cargas de familia. Un trabajador soltero enfrentaría una obligación anual cercana a $1,5 millones, equivalente a unos $125.000 mensuales en promedio. En cambio, si tiene cónyuge y dos hijos, las deducciones elevan considerablemente el umbral efectivo de tributación y reducen la carga a apenas unos $100.000 anuales, es decir, menos de $10.000 por mes.

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Lo que muestran estos ejemplos es que la ampliación de la base imponible afectaría principalmente a trabajadores solteros o con pocas deducciones personales ubicados en la franja alta de la distribución salarial. Incluso con un umbral más bajo, la presencia de cónyuge e hijos continúa generando diferencias significativas en la carga tributaria efectiva. La reforma no requiere modificar las alícuotas vigentes —que van del 5% al 35%— sino reducir el piso de ingreso al impuesto. Es esa disminución del umbral la que permitiría incorporar alrededor de 1,5 millones de nuevos contribuyentes y acercar la cobertura al 20% de los asalariados formales.

LA COMPARATIVA REGIONAL: DÓNDE ESTÁ ARGENTINA

Para entender la eficacia del Impuesto a la Renta de las Personas Físicas (PIT, por sus siglas en inglés), es fundamental contrastar la tasa máxima que cobra cada país frente a lo que efectivamente logra recaudar en términos del tamaño de su economía.

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