AUTO NAFTA vs AUTO ELÉCTRICO

En un Informe anterior de  Focus Market comparamos los costos de moverse en un auto propio, taxi o Uber, pero si hablamos de movilidad no podemos dejar de incluir un segmento que viene creciendo hace un par de años como es el de los Autos Eléctricos.

“El consumidor argentino enfrenta una decisión que hasta hace poco parecía lejana: ¿conviene comprar un auto a nafta o dar el salto a la movilidad eléctrica? La duda no pasa solamente por el precio de compra, sino por cuánto costará usarlo, mantenerlo y venderlo dentro de algunos años. Los híbridos y eléctricos están creciendo con fuerza —en el primer semestre de 2026 ya representaron el 15,2% de los patentamientos—, impulsados por una mayor oferta y beneficios arancelarios. Sin embargo, el eléctrico puro todavía enfrenta una restricción clave: la infraestructura de carga. La disponibilidad de puntos, especialmente de carga rápida, sigue siendo muy inferior a la que requiere una adopción masiva”, señaló Damián Di Pace Director de la Consultora Focus Market. 

LG_public

A continuación compararemos  la opción a nafta con su equivalente eléctrico, lo cual ya marca un cambio respecto de lo que ocurría hasta hace poco tiempo: el eléctrico de referencia cuesta hoy $37.150.000, unos $750.000 menos que la versión a nafta ($37.900.000).

El ahorro más contundente aparece en el uso diario. Para el mismo trayecto de 22 kilómetros por día durante 20 días hábiles (440 km mensuales), el gasto en combustible del auto a nafta asciende a $104.320 por mes, mientras que el costo de cargar el eléctrico —con un consumo de 11,7 kWh cada 100 km y la tarifa residencial vigente— es de apenas $8.130. El ahorro mensual ronda entonces los $96.190, una diferencia que se sostiene mes a mes y que, a lo largo de un año, ya representa más de $1.150.000.

El resto de los rubros también favorece, en general, al eléctrico. El seguro anual es más barato ($2.204.712 contra $2.588.388 del auto a nafta), y la patente, directamente, desaparece: los vehículos 100% eléctricos están exentos de este impuesto en la Ciudad de Buenos Aires para el ejercicio fiscal 2026. El service y mantenimiento anual también es menor para el eléctrico, aunque sin una cifra oficial publicada; frente a los $506.667 anuales del auto a nafta.

Sumando ahorro en combustible, seguro y patente, el eléctrico devuelve una diferencia anual considerable frente al modelo a nafta, incluso antes de contar el ahorro impositivo adicional que surge de la reducción de aranceles a la importación de vehículos electrificados. Con una diferencia de precio de compra ya prácticamente nula, el período de amortización del eléctrico frente al a nafta se acorta de forma notable respecto de lo que ocurría hace apenas un par de años.

supervielle_agosto-2026

Ahora bien, esta es solo una parte de la cuenta. Hay una serie de factores que no aparecen en la comparación de gastos mensuales y que explican por qué, pese al ahorro de uso, buena parte del mercado sigue prefiriendo el auto a nafta.

El primero es la reventa. A cinco años, un auto a nafta de este segmento retiene entre el 50% y el 60% de su valor original, mientras que el eléctrico conserva entre el 45% y el 52%. La diferencia no es enorme, pero se explica en gran medida por la incertidumbre sobre el estado de la batería: aunque el fabricante ofrece una garantía de 8 años o 160.000 km, y estima que la vida útil de la batería puede superar los 15 años según el uso, el mercado argentino de eléctricos usados todavía es chico, lo que deja pocos antecedentes para tasar con precisión cuánto vale un auto con la batería ya usada. El costo de reemplazarla, además, no tiene un valor oficial publicado, pero es, potencialmente, el gasto extraordinario más alto que puede enfrentar el propietario.

El segundo factor son los seguros. Los eléctricos pueden asegurarse sin mayor problema, pero las condiciones específicas para la batería, el cable de carga y los sistemas eléctricos varían según la aseguradora, y conviene revisarlas antes de contratar. La menor disponibilidad de repuestos y de talleres especializados también puede impactar en las primas y en los tiempos de reparación ante un siniestro.

El tercero tiene que ver con dónde se puede estacionar y cargar el vehículo. En distintas ciudades de Asia y de Europa ya existen restricciones —vigentes o en estudio— que impiden estacionar en espacios cerrados a los eléctricos que superen determinado nivel de carga de batería, por el riesgo de incendio. En Argentina, la infraestructura pública de carga todavía es limitada, la carga domiciliaria básica aporta apenas unos 10 km de autonomía por hora, y llegar a los 40 km por hora exige instalar un wallbox, con la consiguiente adecuación eléctrica de la vivienda o el edificio.

Axion_Yerba

Por último, está la cuestión de la percepción y la costumbre. Más allá del precio y la autonomía, buena parte de las barreras para adoptar un eléctrico tienen que ver con el tiempo de recarga, la falta de cargador en el hogar y la incertidumbre sobre la reventa y la reparación. La mayor familiaridad con el auto a combustión y la extensa red de estaciones de servicio siguen pesando en la decisión, incluso cuando la cuenta de uso mensual ya no juega a su favor.

Fuente: Focus Market

“Para muchos compradores la decisión hoy no es simplemente nafta versus eléctrico, sino certeza versus transición. El auto convencional ofrece una red de abastecimiento madura y mayor previsibilidad; el eléctrico promete menores costos de uso y una tecnología con creciente oferta, pero todavía implica evaluar autonomía, dónde cargar y cuál será su valor de reventa. 
En este contexto, el híbrido aparece como el puente más natural: reduce el consumo sin obligar al usuario a depender de una infraestructura de carga que todavía está en desarrollo. La verdadera batalla del mercado automotor argentino, entonces, no será solamente tecnológica: será por costo total de propiedad, infraestructura y confianza del consumidor”
indicó Damián Di Pace Director de la Consultora Focus Market. 

linea
Conferencias_Damian Di Pace_2026