Desde Focus Market elaboramos el siguiente Informe donde procesamos un relevamiento realizado en el Comedor Pequeños Gigantes de Florencio Varela, donde describe con precisión la estructura de gastos, el peso de las deudas y los mecanismos informales que sostienen a los hogares cuando el mes no alcanza.
“Los datos reflejan la elevada vulnerabilidad económica de los hogares en barrios populares. Que el 40% de los ingresos sea de carácter variable evidencia una fuerte dependencia de actividades informales, trabajos ocasionales o fuentes inestables de recursos. Al mismo tiempo, que el 93% de esos ingresos se destine a la compra de alimentos muestra que el presupuesto familiar está prácticamente absorbido por necesidades básicas, dejando escaso margen para ahorro, inversión o consumo de otros bienes y servicios. Esto confirma que cualquier variación en los precios de los alimentos tiene un impacto directo e inmediato sobre el bienestar de estos hogares”, detalló Damián Di Pace Director de la Consultora Focus Market.
Los resultados permiten trazar un primer perfil económico de los participantes. El 40% declara ingresos variables y el 32% no cuenta con ingresos propios. Solo el 21% recibe un ingreso fijo mensual. Ese escenario se confirma cuando se pregunta por la estabilidad dentro del mes: el 55% afirma no tener ningún momento tranquilo desde el punto de vista económico, y solo el 23% identifica el cobro a principio de mes como un período de mayor holgura.
En ese contexto, la planificación financiera —herramienta central de cualquier política de educación económica— opera sobre una base inestable. No se trata de falta de conocimiento o de criterio: cuando el ingreso no es predecible, el presupuesto no puede serlo tampoco.
La iniciativa del estudio fue desarrollada por “EconoChori” creado por Massimo Pastore, un estudiante argentino de 16 años radicado en Miami, orientada a vincular conceptos económicos con decisiones cotidianas.
El proyecto desarrolló su primera actividad presencial en el Comedor Pequeños Gigantes de Florencio Varela, provincia de Buenos Aires, un espacio comunitario que asiste a familias del barrio y que opera principalmente a través de donaciones y trabajo voluntario. En el marco de esa actividad, se relevaron 47 cuestionarios completados por participantes de la comunidad, en su mayoría mujeres de entre 30 y 49 años. Focus Market procesó y analizó los datos obtenidos.

La deuda como eje de la economía doméstica
El análisis de la estructura de gastos refuerza ese diagnóstico. La alimentación encabeza la lista de gastos prioritarios para el 93% de los encuestados. Que la comida sea el gasto dominante en casi la totalidad de los hogares relevados es, en sí mismo, un diagnóstico: cuando el presupuesto se organiza casi exclusivamente alrededor de la subsistencia, queda poco margen para cualquier otro rubro.
En ese contexto, el 44% de los encuestados incluye las deudas entre sus principales gastos mensuales. Pero cuando se pregunta cuál fue el gasto que más pesó durante el año, las deudas trepan al primer lugar: el 62% lo señala por encima de los servicios y el alquiler. El dato indica que la deuda no opera como un gasto más dentro del presupuesto, sino como una carga que condiciona el resto.
Esa dinámica se vuelve más clara cuando se analiza el destino del dinero extra. Ante un ingreso inesperado, el 53% destina ese dinero a cancelar deudas. Solo el 19% lo utiliza para consumo o inversión, y apenas el 2% logra ahorrarlo. El ingreso adicional no representa un margen de mejora: representa la oportunidad de reducir un pasivo que, de otro modo, se acumula.


El ajuste que no aparece en los índices
El recorte de consumo que surge del relevamiento no se expresa en grandes categorías macroeconómicas. Se expresa en decisiones concretas: el 65% dejó de comprar ropa durante el último año, el 65% dejó de comprar carne y el 41% redujo o eliminó las salidas. Son resignaciones que no siempre captura un índice de precios, pero que definen la calidad de vida de un hogar.
El dato más crítico, sin embargo, es otro: el 20% dejó de comprar medicamentos. En un presupuesto donde la alimentación ya consume casi todo el margen disponible, la salud pasa a ser un gasto prescindible. Ese desplazamiento —de la proteína y la medicina hacia la deuda y la comida básica— describe un ajuste que opera por debajo de los indicadores formales y que difícilmente se revierta sin intervención sobre las causas estructurales que lo generan.

Las redes informales como primer sostén
Ese recorte en el consumo no opera en el vacío. Cuando el ingreso no alcanza y los gastos básicos ya están comprometidos, la pregunta siguiente es cómo se sostiene el mes. El dato es elocuente: apenas el 2% de los encuestados cuenta con ahorros o reservas para afrontar un período de dificultad. El resto recurre a lo que tiene disponible.
El relevamiento muestra que, ante un mes difícil, el 44% recurre a las changas, el 35% al fiado y el 28% a la familia. La ayuda social formal aparece recién en cuarto lugar, mencionada por el 12% de los encuestados.
Ese orden no es casual. El fiado, en particular, merece atención: es crédito sin banco, un mecanismo informal que sostiene el consumo básico cuando el ingreso se interrumpe. Que más de un tercio de los participantes lo identifique como su principal red de seguridad habla de la vigencia de estructuras comunitarias que operan por fuera del sistema financiero formal y que, en la práctica, cumplen una función que las políticas públicas no logran cubrir.

Una economía que se pelea todos los días
El cuestionario cerró con una pregunta en clave cotidiana: si este asado fuera un país, ¿cómo estaría la economía? El 45% respondió “peleándola”, el 19% “en crisis”, y solo el 6% eligió “creciendo”. La informalidad de la pregunta no le resta validez al resultado: es una percepción consistente con todo lo que los datos anteriores describen, y que difícilmente sorprenda a quienes los leyeron hasta acá.
Lo que el relevamiento de EconoChori registra no es una situación excepcional ni transitoria. Es la estructura cotidiana de una economía doméstica que funciona sin ingresos estables, sin ahorro posible, con la deuda como gasto central y con las redes informales como único amortiguador real. Un hogar que resigna carne y medicamentos, que depende del fiado para cerrar el mes y que, ante un ingreso extra, no ahorra ni invierte sino que salda lo que debe, no está tomando malas decisiones financieras. Está respondiendo de manera racional a un entorno que no ofrece mejores opciones.

“La experiencia económica muestra que la estabilización es una condición necesaria para el crecimiento sostenido, pero sus resultados no son inmediatos. Reducir la inflación, ordenar las cuentas públicas y recuperar la confianza lleva tiempo antes de traducirse en más inversión, empleo y mejora de los ingresos. Por eso, si bien la estabilidad es el primer paso para construir un proceso de crecimiento duradero, la recuperación de las condiciones de vida de los sectores más vulnerables suele manifestarse con rezago. El desafío es sostener el rumbo y generar las condiciones para que los beneficios del crecimiento alcancen progresivamente a mayor parte de la población”, indicó Damián Di Pace Director de la Consultora Focus Market.





